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Carta apostólica Patris corde

El Papa Francisco convoca a un “Año de San José”

Con la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal y, con motivo de esta ocasión, a partir del 8 diciembre 2020 y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebrará un año dedicado especialmente a él.

Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un trabajador, siempre en la sombra: con estas palabras el Papa Francisco describe a san José de una manera tierna y conmovedora. Lo hace en la Carta apostólica Patris corde publicada el 8 de diciembre 2020 y con motivo del 150 aniversario de la declaración del Esposo de María como Patrono de la Iglesia Católica. De hecho, fue el Beato Pío IX con el decreto Quemadmodum Deus, firmado el 8 de diciembre de 1870, quien quiso este título para san José. Para celebrar este aniversario, el Pontífice ha convocado, desde el 8 de diciembre 2020  y hasta el 8 de diciembre de 2021, un “Año” especial dedicado al padre putativo de Jesús. En el trasfondo de la Carta apostólica, está la pandemia de Covid-19 que -escribe Francisco- nos ha hecho comprender la importancia de la gente común, de aquellos que, lejos del protagonismo, ejercen la paciencia e infunden esperanza cada día, sembrando la corresponsabilidad. Como san José, “el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta”. Y sin embargo, el suyo es “un protagonismo sin igual en la historia de la salvación”.

San José, el hombre en el que confía el Cielo

Padre amado, tierno y obediente: San José, de hecho, expresó concretamente su paternidad al haber hecho de su vida una oblación de sí mismo en el amor puesto al servicio del Mesías. De ahí su papel como “la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento “, “siempre ha sido amado por el pueblo cristiano” (1). En él, “Jesús vio la ternura de Dios”, la ternura que nos hace “aceptar nuestra debilidad”, porque “es a través y a pesar de nuestra debilidad” que la mayoría de los designios divinos se realizan. “Sólo la ternura nos salvará de la obra” del Acusador, subraya el Pontífice, y es al encontrar la misericordia de Dios, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, que podemos hacer “una experiencia de verdad y de ternura”, porque “Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona” (2). José es también un padre en obediencia a Dios: con su “fiat” salva a María y a Jesús y enseña a su Hijo a “hacer la voluntad del Padre”. Llamado por Dios a servir a la misión de Jesús, “coopera en el gran misterio de la redención y es verdaderamente un ministro de la salvación” (3).

Padre en la acogida de la voluntad de Dios y del prójimo: Al mismo tiempo, José es “un padre en la acogida”, porque “acogió a María sin poner condiciones previas”, un gesto importante aún hoy -afirma Francisco- “en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente”. Pero el Esposo de María es también el que, confiando en el Señor, acoge en su vida incluso los acontecimientos que no comprende, dejando de lado sus razonamientos y reconciliándose con su propia historia. La vida espiritual de José no “muestra una vía que explica, sino una vía que acoge”, lo que no significa que sea “un hombre que se resigna pasivamente”. Al contrario: su protagonismo es “valiente y fuerte” porque con “la fortaleza del Espíritu Santo”, aquella “llena de esperanza”, sabe “hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia”. En la práctica, a través de san José, es como si Dios nos repitiera: “¡No tengas miedo!”, porque “la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste” y nos hace conscientes de que “Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas”. Y no sólo eso: José “no buscó atajos”, sino que enfrentó “‘con los ojos abiertos’ lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona”. Por ello, su acogida “nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles” (4).

Padre valiente y creativo, ejemplo de amor a la Iglesia y a los pobres: Patris corde destaca “la valentía creativa” de san José, aquella que surge sobre todo en las dificultades y que da lugar a recursos inesperados en el hombre. “El carpintero de Nazaret -explica el Papa- sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia”. Se enfrentaba a “los problemas concretos” de su familia, al igual que todas las demás familias del mundo, especialmente las de los migrantes. En este sentido, san José es “realmente un santo patrono especial” de aquellos que, “forzados por las adversidades y el hambre”, tienen que abandonar su patria a causa de “la guerra, el odio, la persecución y la miseria”. Custodio de Jesús y María, José “no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia”, de su maternidad y del Cuerpo de Cristo: cada necesitado, pobre, sufriente, moribundo, extranjero, prisionero, enfermo, es “el Niño” que José guarda y de él hay que aprender a “amar a la Iglesia y a los pobres” (5).

Padre que enseña el valor, la dignidad y la alegría del trabajo: Honesto carpintero que trabajó “para asegurar el sustento de su familia”, José también nos enseña “el valor, la dignidad y la alegría” de “comer el pan que es fruto del propio trabajo”. Este significado del padre adoptivo de Jesús le da al Papa la oportunidad de lanzar un llamamiento a favor del trabajo, que se ha convertido en “una urgente cuestión social”, incluso en países con un cierto nivel de bienestar. “Es necesario comprender”, escribe Francisco, “el significado del trabajo que da dignidad”, que “se convierte en participación en la obra misma de la salvación” y “ocasión de realización” para uno mismo y su familia, el “núcleo original de la sociedad”. Quien trabaja, colabora con Dios porque se convierte en “un poco creador del mundo que nos rodea”. De ahí la exhortación del Papa a todos a “redescubrir el valor, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva ‘normalidad’ en la que nadie quede excluido”. Mirando en particular el empeoramiento del desempleo debido a la pandemia de Covid-19, el Papa llama a todos a “revisar nuestras prioridades” para comprometerse a decir: “¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!” (6).

Padre en la sombra, descentrado por amor a María y Jesús: Siguiendo el ejemplo de la obra “La sombra del Padre” del escritor polaco Jan Dobraczyński, el Pontífice describe la paternidad de José respecto de Jesús como “la sombra del Padre celestial en la tierra”. “Nadie nace padre, sino que se hace”, afirma Francisco, porque se hace “cargo de él”, responsabilizándose de su vida. Desgraciadamente, en la sociedad actual “los niños a menudo parecen no tener padre”, padres capaces de “introducir al niño en la experiencia de la vida”, sin retenerlo ni “poseerlo”, pero haciéndolo “capaz de elegir, de ser libre, de salir”. En este sentido, José tiene el apelativo de “castísimo”, que es “lo contrario a poseer”: él, de hecho, “fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre”, “sabía cómo descentrarse” para poner en el centro de su vida no a sí mismo, sino a Jesús y María. Su felicidad está “en el don de sí mismo”: nunca frustrado y siempre confiado, José permanece en silencio, sin quejarse, pero haciendo “gestos concretos de confianza”. Su figura es, por lo tanto, ejemplar, señala el Papa, en un mundo que “necesita padres y rechaza a los amos”, que refuta a aquellos que confunden “autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción”. El verdadero padre es aquel que “rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos” y respeta su libertad, porque la paternidad vivida en plenitud hace “inútil” al propio padre, “cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida”. Ser padre “nunca es un ejercicio de posesión”, subraya Francisco, sino “un ‘signo’ que nos evoca una paternidad superior”, al “Padre celestial” (7).

La oración diaria del Papa a san José y ese “cierto reto”: Concluida con una oración a san José, Patris corde revela también, en la nota número 10, un hábito de la vida de Francisco: cada día, de hecho, “durante más de cuarenta años”, el Pontífice recita una oración al Esposo de María “tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María”. Es una oración que “expresa devoción y confianza” a san José, pero también “un cierto reto”, explica el Papa, porque concluye con las palabras: “Que no se diga que te haya invocado en vano, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder”.

Indulgencia plenaria para el “Año de San José”: Junto a la publicación de la Carta apostólica Patris corde, se ha publicado el Decreto de la Penitenciaría Apostólica que anuncia el “Año de San José” especial convocado por el Papa y la relativa concesión del “don de indulgencias especiales”. Se dan indicaciones específicas para los días tradicionalmente dedicados a la memoria del Esposo de María, como el 19 de marzo y el 1 de mayo, y para los enfermos y ancianos “en el contexto actual de la emergencia sanitaria”.

Si desear profundizar en esta lectura del año de San José pincha aquí: http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20201208_patris-corde.html

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La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

Solemnidad Litúrgica, 25 de diciembre

9 recomendaciones de la Iglesia para vivir la Navidad

La Navidad es la Solemnidad del nacimiento de Jesucristo, Dios hecho hombre para salvar a la humanidad. Para vivirla correctamente y profundizar en su significado, la Iglesia Católica propone una serie de recomendaciones.
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano publicó en 2002 un Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia. En el Capítulo IV, la congregación da algunos consejos para preparar los corazones para la llegada del Niño Jesús.

1.- Profundizar en el don otorgado por Dios
La Santa Sede exhorta a profundizar que la Navidad es un “don que es expresión del amor infinito de Dios que ‘tanto amó al mundo que nos ha dado a su Hijo único’”.
Por ello, se debe valorar la “solidaridad con el hombre pecador, por el cual, en Jesús, Dios se ha hecho hombre” y que “el Hijo de Dios ‘siendo rico se ha hecho pobre’ para enriquecernos ‘por medio de su pobreza’”.

2.- Reflexionar sobre el valor de la vida
En Navidad se destaca “el valor sagrado de la vida” y “el acontecimiento maravilloso que se realiza en el parto de toda mujer, porque mediante el parto de María” nació el Salvador del mundo.

3.- Celebrar con sencillez
En el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, el Vaticano recomienda vivir esta celebración en un “clima de sencillez, y de pobreza, de humildad y de confianza en Dios, que envuelve los acontecimientos del nacimiento del niño Jesús”.
Indica además que es importante profundizar en el valor religioso de la Navidad para que esta “no se convierta en terreno abonado para el consumismo ni para la infiltración del neopaganismo”.

4.- Cantar villancicos
En el texto, la Santa Sede subrayó que los villancicos son “instrumentos muy poderosos para transmitir el mensaje de alegría y paz de Navidad” y por ello recomiendan cantarlos en Nochebuena.

5.- Leer en familia el relato del nacimiento de Jesús
El documento vaticano indicó que Nochebuena es “una ocasión de oración de toda la familia” y recomienda leer “la narración del nacimiento de Jesús según San Lucas”.
También exhorta a entonar “los cantos típicos de la Navidad y se eleven las súplicas y las alabanzas, sobre todo las de los niños, protagonistas de este encuentro familiar”.

6.- Rezar ante el árbol de Navidad
La Santa Sede invita a que las familias recen entorno al árbol de Navidad porque “independientemente de su origen histórico” es “hoy un signo fuertemente evocador, bastante extendido en los ambientes cristianos; evoca tanto el árbol de la vida, plantado en el jardín del Edén, como el árbol de la cruz, y adquiere así un significado cristológico”.
“Cristo es el verdadero árbol de la vida, nacido de nuestro linaje, de la tierra virgen Santa María, árbol siempre verde, fecundo en frutos”, precisa el texto.

7.- Dar regalos a los pobres
En el documento, la Iglesia Católica refiere que “entre los regalos colocados bajo el árbol de Navidad no deberían faltar los regalos para los pobres: ellos forman parte de toda familia cristiana”.

8.- Compartir juntos la cena de Navidad
Otro gesto que sugiere el Vaticano es realizar una cena de Navidad porque en ella “se manifiestan con toda su fuerza la firmeza y la alegría de los vínculos familiares”.
“La familia cristiana que todos los días, según la tradición, bendice la mesa y da gracias al Señor por el don de los alimentos, realizará este gesto con mayor intensidad y atención en la cena de Navidad”, asegura.

9.- Asistir a Misa
La Santa Sede invita a los fieles a asistir a la Misa de Nochebuena porque esta “tiene un gran sentido litúrgico y goza del aprecio popular”.
Asimismo, destaca que al inicio de la Eucaristía se entona “el canto del anuncio del nacimiento del Señor, con la fórmula del Martirologio Romano”, en el momento de “la presentación de los dones para el ofertorio siempre habrá un recuerdo concreto de los pobres” y la “oración de los fieles deberá asumir un carácter verdaderamente universal, incluso, donde sea oportuno, con el empleo de varios idiomas como un signo”.
“Al final de la celebración podrá tener lugar el beso de la imagen del Niño Jesús por parte de los fieles, y la colocación de la misma en el nacimiento que se haya puesto en la iglesia o en algún lugar cercano”, indica el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia.

POR MARÍA XIMENA RONDÓN | ACI Prensa

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“Comencemos hermanos, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho”.
San Francisco de Asís.

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EL PESEBRE QUE SAN FRANCISCO PREPARÓ EL DÍA DE NAVIDAD.

San Francisco de Asís y el primer «nacimiento» o «pesebre» de Navidad de San Francisco de Asís al moderno pesebre.

En algunos países les llaman Belén o Pesebres. El primer nacimiento se creó en Italia. Fue Francisco de Asís, el iniciador de los nacimientos entre 1200 y 1226. Se cuenta que mientras recorría la pequeña población de Rieti en 1223, la Navidad lo sorprendió en la ermita de Greccio y fue allí donde todo comenzó.
Tuvo la inspiración de reproducir en vivo el nacimiento de Jesús. También se cree que el primer nacimiento con figures se construyó en Nápoles y que estuvo echo de figures de barro.
La tradición de los Belenes se difundió rápidamente por toda Italia y luego al mundo entero y hoy por hoy figura en las tradiciones navideñas de cientos de países alrededor del mundo.

Francisco de Asís en Greccio
Greccio es una pequeña población de 1.500 habitantes, situada entre Roma y Asís, a 15 quilómetros de Rieti, en la pendiente del Monte Lacerone y a 705 metros de altitud. El santuario se encuentra a poco más de dos quilómetros, encima de una escarpada roca y rodeado de bosques de encinas. Desde la explanada se contempla el castillo de Greccio y una hermosa vista del valle de Rieti.
A San Francisco este lugar le gustaba porque le parecía «rico en su pobreza», y el territorio porque decía que no había visto ningún otro con tantas conversiones como este. Muchos de sus habitantes, empezando por Juan Velita, señor de Greccio, profesaron la Regla de la Tercera Orden y llevaban una vida de penitencia en sus propias casas. Cada día, a una determinada hora, los frailes entonaban las alabanzas del Señor y la gente del castillo, grandes y pequeños, salían de sus casas y respondían: «Alabado sea el Señor». Esto les valió verse libres por un tiempo del pedrisco y de los lobos, mas luego de algunos años, empezaron a enorgullecerse y a odiarse entre ellos, como predijo San Francisco, lo que trajo como consecuencia que el castillo fuese pasto de las llamas, por obra de la soldadesca de Federico II, en 1242.

El primer «Nacimiento» viviente
Todo se celebró como estaba previsto: la noche de Navidad, la gente del castillo se dirigió al lugar donde vivían los frailes, con cantando y con antorchas y en medio del bosque. En una gruta prepararon un altar sobre un pesebre, junto al cual habían colocado una mula y un buey. Aquella noche, como escribió Tomás de Celano, se rindió honor a la sencillez, se exaltó la pobreza, se alabó la humildad y Greccio se convirtió en una nueva Belén. Para una celebración tan original Francisco había obtenido el permiso del papa Honorio III. La homilía corrió a su cargo, pues era diácono, y mientras hablaba del niño de Belén, se relamía los labios y su voz era como el balido de una oveja. Un hombre allí presente vió en visión a un niño que dormía recostado en el pesebre, y Francisco lo despertaba del sueño. La gente volvió contenta a sus casas, llevándose como recuerdo la paja, que luego se demostró una buena medicina para curar a los animales.
San Francisco permaneció en Greccio hasta pasada la Pascua de 1224. De aquí se encaminó a Perusa, para echar en cara a sus habitantes el mal que estaban haciendo a sus vecinos y anunciarles las consecuencias que ello traería consigo.

El santuario de Greccio hoy
Hoy el santuario de Greccio ha crecido mucho: a la antigua iglesia y convento del siglo XIII se han añadido otras construcciones y una iglesia más espaciosa, pero el lugar conserva todo su encanto. La gruta, transformada en capilla el mismo año de la canonización del Santo, se conserva casi intacta, con la roca que sirvió de altar y de pesebre (ver foto arriba). Sobre la pared frontal hay restos de algunos frescos de la escuela de Giotto, de los siglos XIII-XIV.
En el conventito primitivo todo nos habla de la sencillez y pobreza de los primeros tiempos. El dormitorio mide apenas 7 metros de longitud por 1,40 – 2,00 metros de anchura. Al fondo hay una minúscula celdilla excava en la roca, donde se dice que dormía San Francisco. Aquí tuvo lugar, por tanto, el episodio de la almohada de plumas, regalo de Juan Velita, que no dejaba dormir al Santo.

En el piso superior hay otro dormitorio, de la segunda mitad del siglo XIII, todo de madera, con celdas a ambos lados. A continuación hay un coro del siglo XVII que conduce a la primera iglesia dedicada a San Francisco después de su canonización en 1228, como dice Tomás de Celano: «ahora aquel lugar ha sido consagrado al Señor, se ha construido encima un altar en honor de San Francisco y se le ha dedicado una iglesia» (1Cel. 87). En una capilla lateral, más moderna, se conserva un retrato del siglo XIV, copia de otro más antiguo, que representa a San Francisco con los estigmas y con un pañuelo en actitud de limpiarse los ojos, afectados por una grave infección que prácticamente lo dejó ciego al final de su vida.
En la explanada de delante del santuario está la nueva iglesia, del 1959, con algunas vidrieras modernas y varias representaciones del Nacimiento de Cristo. En los alrededores está la celda donde se retiraba San Francisco.
«Si yo hablara con el emperador, le suplicaría que, por amor de Dios y en atención a mis ruegos, firmara un decreto ordenando che ningún hombre capture a las hermanas alondras ni les haga daño alguno; que todas las autoridades de las ciudades y los señores de los castillos y en las villas obligaran a que, en la Navidad del Señor de cada año, los hombres echen trigo y otras semillas por los caminos fuera de las ciudades y castillos, para que, en día de tanta solemnidad, todas las aves y, particular- mente las hermanas alondras, tengan qué comer; que, por respeto al Hijo de Dios, a quien tal noche la dichosa Virgen María su Madre lo reclinó en un pesebre entre el asno y el buey, estén obligados todos a dar esa noche a nuestros hermanos bueyes y asnos abundante pienso; y, por último, que en este día de Navidad, todos los pobres sean saciados por los ricos» (San Francisco, Leyenda de Perusa, 14).

El primer nacimiento
En aquella ocasión, quiso celebrar el acontecimiento y hacer algo especial que ayudase a la gente a recordar al Cristo Niño y su nacimiento en Belén.
Una de las tradiciones más arraigadas es la puesta del nacimiento del Niño Jesús cerca o bajo el árbol de Navidad. Pero ¿sabes de dónde proviene esta tradición? ¿Quién la inició? Nos cuenta Tomás de Celano que San Francisco de Asís pasó la Navidad de 1223 en Greccio, una pequeña población de 1,500 habitantes, situada entre Roma y Asís, a 15 kilómetros de Rieti, en la pendiente del Monte Lacerone y a 705 metros de altitud. En la actualidad, un santuario dedicado al santo se encuentra a poco más de dos kilómetros, encima de una escarpada roca y rodeado de bosques de encinas. Desde la explanada se contempla el castillo de Greccio y una hermosa vista del valle de Rieti. A San Francisco le gustaba este lugar porque, según cuenta su biógrafo Tomás de Celano, le parecía “rico en su pobreza”, y porque decía que no había visto ningún otro con tantas conversiones como éste. Muchos de sus habitantes, empezando por Juan Vellita, señor de Greccio, profesaron la Regla de la Tercera Orden, hoy Orden Franciscana Seglar, y llevaban una vida de penitencia en sus propias casas. Cada día, a una determinada hora, los frailes entonaban las alabanzas del Señor y la gente del castillo, grandes y pequeños, salían de sus casas y respondían: “Alabado sea el Señor”. Según Celano, esto les valió verse libres por un tiempo de tormentas y de lobos, pero después de algunos años empezaron a enorgullecerse y a odiarse entre ellos, como predijo San Francisco, lo que trajo como consecuencia que el castillo fuese arrasado por las huestes de Federico II, en 1242.

En su biografía del santo, Celano asegura que la Encarnación era un componente clave en la espiritualidad de Francisco y quiso, en aquella ocasión, celebrar el acontecimiento y hacer algo especial que ayudase a la gente a recordar al Cristo Niño y su nacimiento en Belén. Celano nos dice que, inspirado por el Evangelio según San Lucas (2, 1-7), unos quince días antes de la Navidad mandó llamar a Juan de Vellita y le dijo: “si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno”. Todo se celebró como estaba previsto: la noche de Navidad, la gente del castillo se dirigió al lugar donde vivían los frailes, cantando y con antorchas cruzando alegremente el bosque. En una gruta prepararon un altar sobre un pesebre, junto al cual habían colocado una mula y un buey. Aquella noche, como escribió Tomás de Celano, se rindió honor a la sencillez, se exaltó la pobreza, se alabó la humildad y Greccio se convirtió en una nueva Belén. Para una celebración tan original Francisco había obtenido el permiso del Papa Honorio III. La homilía corrió a su cargo, pues era diácono, y mientras hablaba del niño de Belén, se relamía los labios y su voz era como el balido de una oveja. La gente volvió contenta a sus casas, llevándose como recuerdo la paja, que luego demostró ser una buena medicina para curar a los animales.
La idea de reproducir el nacimiento se popularizó rápidamente en todo el mundo cristiano, y de los seres vivos, se pasó a la utilización de figuras. En nuestro país la tradición se introdujo con los primeros misioneros franciscanos que llegaron a América y que trajeron la idea de su fundador. Asimismo, la tradición señala que el primer nacimiento se construyó en Nápoles a fines del siglo XV y fue fabricado con figuras de barro. Generalmente el nacimiento se monta antes de Navidad, el 8 de Diciembre, día de la Inmaculada Concepción, y se conserva armado hasta el 2 de febrero, fecha de la presentación de Jesús en el templo.
Que esta Navidad Cristo haya nacido en nuestros corazones y, como San Francisco de Asís, le demos un lugar preponderante en nuestras vidas para proclamar con fervor: ¡Oh alto y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame la recta esperanza y caridad perfecta; sentido y conocimiento, Señor, para que siga tu santo y veraz mandamiento. Que el Señor nos bendiga y nos guarde

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Domingo de Gaudete: Domingo de la Alegría.

III Domingo de Adviento

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy es el tercer domingo de Adviento, denominado también ´domingo Gaudete´, domingo de la alegría. En la liturgia resuena en repetidas ocasiones la invitación a la alegría, a alegrarse, porque el Señor está cerca. ¡La Navidad está cerca! El mensaje cristiano se llama “evangelio”, es decir “Buena Noticia”, un anuncio de alegría para todo el pueblo; ¡la Iglesia no es un refugio para personas tristes, la Iglesia es la casa de la alegría! Y aquellos que están tristes, encuentran en ella la alegría. Encuentran en ella la verdadera alegría.

Pero la del Evangelio no es una alegría cualquiera. Encuentra su razón en el saberse acogidos y amados por Dios. Como el profeta Isaías (cf. 35,1-6ª. 8a.10), Dios es el que viene a salvarnos y presta socorro especialmente a los abatidos. Su venida entre nosotros nos fortalece, nos da firmeza, nos dona coraje, hace exultar y florecer el desierto y la estepa, es decir, nuestra vida cuando se vuelve árida. ¿Y cuándo se hace árida nuestra vida? Cuando está sin el agua de la Palabra de Dios y de su Espíritu de amor. Por grandes que puedan ser nuestros límites y nuestra confusión y desaliento, no se nos permite ser débiles y vacilantes ante las dificultades y ante nuestras propias debilidades.

Por el contrario, se nos invita a fortalecer nuestras manos, a hacer firmes nuestras rodillas, a tener coraje y a no temer, porque nuestro Dios muestra siempre la grandeza de su misericordia. Él nos da la fuerza para ir adelante. Él está siempre con nosotros para ayudarnos a ir adelante. ¡Es un Dios que nos quiere tanto, nos ama, y por eso está con nosotros, para ayudarnos, para fortalecernos, e ir adelante! ¡Coraje, siempre adelante!

Gracias a su ayuda, siempre podemos empezar de nuevo. ¿Cómo comenzar de nuevo? Alguno me puede decir: “No padre, soy un gran pecador, soy una gran pecadora, yo no puedo recomenzar de nuevo”. ¡Te equivocas! ¡Tú puedes recomenzar de nuevo! ¿Por qué? ¡Porque Él te espera! ¡Él está cerca de ti! ¡Él te ama! ¡Él es misericordioso! ¡Él te perdona! ¡Él te da la fuerza de recomenzar de nuevo! ¡A todos! Podemos volver a abrir los ojos, superar la tristeza y el llanto, y cantar un canto nuevo.

Y esta alegría verdadera permanece siempre también en la prueba, incluso en el sufrimiento, porque no es superficial, sino que llega a lo más profundo de la persona que se encomienda a Dios y confía en Él.

La alegría cristiana, como la esperanza, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, en la certeza de que Él mantiene siempre sus promesas. El profeta Isaías exhorta a aquellos que han perdido el camino y se encuentran en la desesperación, a confiar en la fidelidad del Señor porque su salvación no tardará en irrumpir en sus vidas. Cuantos han encontrado a Jesús, a lo largo del camino, experimentan en el corazón una serenidad y una alegría, de la que nada ni nadie puede privarlos.

¡Nuestra alegría es Cristo, su amor fiel e inagotable! Por lo tanto, cuando un cristiano se vuelve triste, quiere decir que se ha alejado de Jesús. ¡Pero entonces no hay que dejarlo solo! Tenemos que rezar por él y hacerle sentir la calidez de la comunidad. Que la Virgen María nos ayude a acelerar nuestros pasos hacia Belén para encontrar al Niño que ha nacido para nosotros, para la salvación y la alegría de todos los hombres. A Ella el Ángel le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28 ). Ella nos obtenga vivir la alegría del Evangelio en las familias, en el trabajo, en las parroquias y en todos los ambientes. ¡Una alegría íntima, hecha de estupor y ternura. La misma que siente una mamá cuando mira a su niño recién nacido y siente que es un don de Dios, un milagro que sólo puede agradecer!

“Estén alegres, el Señor está cerca”.

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La Virgen María y los Dogmas Marianos

Los católicos adoramos únicamente a Dios, pero pese al amor que le podemos profesar, nos podemos sentir intimidados por Él e incluso pensar que es alguien distante a nosotros, imposible de alcanzar.
Por ello es que, después de la Santísima Trinidad, la Virgen María es fundamental en nuestra vida de fe y en la historia del Cristianismo. Además de su ejemplo de vida y de las muchas enseñanzas que podemos desprender de su testimonio; su rol, los atributos que Dios le concede y su constante intervención en medio de la historia, la convierten, no solo en un personaje histórico digno de ser estudiado, sino que en algo mucho más grande. El problema es que, al no ser una diosa sino una criatura, como todos nosotros, muchos se han confundido y han puesto en duda quién es realmente María. Por eso, la Iglesia a lo largo de los siglos, ha ido desarrollando una rama de la teología que ha denominado “Mariología”.
La Virgen se ha manifestado a videntes y personas que han recibido revelaciones y mensajes. Junto con eso, han habido momentos en que Obispos, Cardenales y Papas se han detenido a reflexionar y pedirle a Dios que nos ayude a comprender sus misterios, en particular los relacionados a la Virgen María y mucho de lo que hoy afirmamos sobre la Virgen María, nace de estas reuniones, los Concilios.
De ellos, hoy en día la Iglesia afirma que existen Dogmas Marianos, es decir verdades de la fe que son irrefutables y que forman parte de lo que que creemos y de cómo debemos vivir y celebrar nuestra fe, en particular, lo relacionado a la veneración Mariana. Estos son muy importantes en nuestra experiencia espiritual, de hecho se celebran con especial dedicación en el calendario litúrgico y en muchos países esos días son feriados.

Durante la historia de la Iglesia se han discernido y decretado cuatro Dogmas Marianos:
La Inmaculada Concepción de María, 8 de diciembre
La Virginidad Perpetua de María
La Asunción de la Virgen María, 15 de agosto
La Maternidad Divina de María, 1 de enero

La Inmaculada Concepción de María: La concepción es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana. Cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién obviamente, también fue concebido sin pecado.
El dogma declara que María “La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha del pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano” (Papa Pío IX).
Jesucristo, el Salvador prometido (Gen 2,15; Is 11,2), por necesidad tendría que venir a nosotros mediante un acto purísimo, libre de todo defecto o pecado (Fil 2,6-7), para que esto fuera así tendría que nacer en una mujer totalmente pura desde el punto de vista sobrenatural y moral.
Digamos entonces que Dios, como muestra de su honor y poder nos trajo a la Virgen María engendrada y nacida totalmente libre de defecto, que significa libre del menor vestigio del pecado original, que es lo único que podría mancharla. Esto fue posible por los Méritos de Jesucristo.

La Virginidad Perpetua de María: La Perpetua Virginidad de María es el dogma mariano más antiguo de la Iglesia, según el cual María fue virgen antes, durante y después del parto y no tuvo otros hijos. Afirma la “real y perpetua virginidad incluso en el acto de dar a luz el Hijo de Dios hecho hombre”.
El en concilio de Constantinopla (año 553) le otorgó a María el título de “virgen perpetua” (aeiparthenos).
Santo Tomás de Aquino también enseñó esta doctrina (Summa theologiae III.28.2) que María dio el nacimiento milagroso sin abertura del útero, y sin perjuicio para el himen. Esta doctrina ya era un dogma desde el cristianismo primitivo, habiendo sido declarada por notables escritores como San Justino Mártir y Orígenes. El Papa Pablo IV lo reconfirmó en el Cum Quorundam el 7 de agosto de 1555, en el Concilio de Trento.

“La escritura menciona a unos hermanos y hermanas de Jesús. La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a hijos de la virgen María, en efecto, Santiago y José, “hermanos de Jesús” (Mt 13, 55) son los hijos de una María discípula de Jesús que se designa de manera significativa como “La otra María” (MT 28, 1). Se trata de parientes próximos a Jesús según una expresión conocida del Antiguo testamento” (Catecismo de la Iglesia Católica 500).

La Asunción de la Virgen María: “Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del Universo, para ser confirmada más plenamente a su Hijo” (Catecismo de la Iglesia Católica 966).
Este dogma fue proclamado por el Papa Pío XII el 01 de noviembre de 1950 por medio de la Constitución Munificentissimus Deus decretando como solemnidad el día 15 de Agosto para su celebración en el calendario litúrgico. En muchos países este día es feriado y para todos nosotros es fiesta de precepto, es decir, asistir a la Eucaristía este día es una obligación.
¿Por qué decimos “asunción” de María y no “ascensión” como cuando hablamos de Jesús? El Misterio de la Asunción consiste, dentro de otras cosas, en que la Virgen María es elevada, ascendida, por ángeles, no por sus propios medios. Es decir, es Dios quien desea preservarla al final de sus días; por eso históricamente se la ha retratado rodeada de ángeles que la la levantan entre nubes. Jesús en cambio, sube a los cielos por sus propios medios, pues es Dios.

La Maternidad Divina de María  La Maternidad Divina es el fundamento del culto Mariano. Jesús es hombre y Dios al mismo tiempo, no es dos personas en una, sino que una persona que integra estas dos naturalezas. María entonces, es madre de Jesús en su integridad, siendo así Madre de Dios. Cerca de 200 obispos se reunieron en el año 473 a discutir el tema y llegaron a la conclusión de que “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. El Papa Clementino, en el concilio de Éfeso lo expresó así: “Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema”.
La Fiesta de “María, Madre de Dios” (Theotokos) es la más antigua que se conoce en Occidente. En las Catacumbas o antiquísimos subterráneos de Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Santa Misa, se encuentran pinturas con esta inscripción. Esta fiesta tiene la máxima categoría litúrgica, pues es una Solemnidad, por lo tanto no solo es importante participar de la Eucaristía ese día, sino que para los católicos es una obligación.

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“Comencemos hermanos, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho”.
San Francisco de Asís.

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Tiempo de Adviento 2020

Con la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo celebrado el día domingo 22 de noviembre, representa la última semana del tiempo litúrgico común del año 2020, y dará paso al próximo domingo 29 de noviembre a un nuevo año Litúrgico B,  con el comienzo Adviento, un hermoso tiempo de preparación para la Navidad donde cada domingo se enciende una vela como signo de vigilia.

A continuación, presentamos cinco cosas que todo cristiano debe saber sobre la característica Corona de Adviento.
1. Tiene un origen pagano
La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para pedirle al dios sol que regresara con su luz y calor.
Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas y les enseñaron que debían aprovechar esta Corona de Adviento como medio para esperar a Cristo, celebrar su natividad y rogarle que infunda su luz en sus almas.
2. Su forma circular es signo del amor de Dios
El círculo es una figura geométrica que no tiene ni principio ni fin. La Corona de Adviento recuerda que Dios tampoco tiene principio ni fin, por lo que refleja su unidad y eternidad. Es señal del amor que se debe tener hacia el Señor y al prójimo, que debe renovarse constantemente y nunca detenerse.
3. Las ramas verdes representan al Cristo vivo
El color verde representa la esperanza y la vida. En la corona de adviento nos recuerda que Cristo está vivo entre nosotros y la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante Adviento.
El anhelo más importante debe ser el llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre, así como el árbol y sus ramas.
4. Las cuatro velas representan cada domingo de Adviento
Las cuatro velas de la Corona de Adviento se van prendiendo semana a semana, en los cuatro domingos de adviento y con una oración especial.
Las velas permiten reflexionar la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo, como las velas de la Corona.
Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se van iluminando cada vez más con la cercana llegada de Cristo al mundo.
5. Una de las velas es rosada
La Corona de Adviento tiene tres velas moradas y una rosada que se enciende el tercer domingo de Adviento.
El color morado representa el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos tener para prepararnos adecuadamente para la llegada de Cristo.  Mientras que la rosada representa el gozo que sentimos ante la cercanía del nacimiento del Señor.
En algunos lugares, todas las velas de la Corona se sustituyen por velas rojas y en la Noche de Navidad, en el centro, se coloca una vela blanca o sirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.

Algunas sugerencias para vivir Adviento:
a) Arma, decora y motiva a los niños a vivir el Adviento explicándoles la tradición de la Corona de Adviento y su significado.
b) Colócala en un sitio especial del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los miembros de la familia para recordar la venida de Jesús y la importancia de prepararse para la Navidad.
c) Puedes distribuir entre los miembros de la familia la preparación de cada liturgia para que todos participen y se sientan involucrados. Algunas acciones son: Arreglar y limpiar el lugar donde se ubicará la Corona antes de comenzar la liturgia, encender y apagar las velas, dirigir el canto o poner algún villancico, dirigir las oraciones y leer las lecturas.

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San Francisco de Asís.

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A NUESTRA QUERIDA COMUNIDAD VICENCIANA

Mes de María

Junto con saludarlos y enviar a cada uno de ustedes, familias y estudiantes un saludo de paz y encomendar este inicio del mes de María a  nuestra Santa Madre para que acompañe nuestra vida hoy y siempre.
Como Iglesia de Chile y Comunidad Escolar Católica, daremos inicio al  mes María, como ha sido tradicionalmente a lo largo de nuestra historia como país, pueblo y liceo, para ello las Hermanas Franciscanas P.R, han diseñado un cronograma de actividades, que podremos ir acompañando a través de las RRSS, que disponen y las nuestras, este año se realizará de manera virtual y de forma corporativa es decir todas las comunidades educativas, más los laicos asociados y las comunidades misioneras de Chiloé, bajo el lema: “María elegida y Consagrada por la Trinidad”.

Presentamos a ustedes el programa diario, a los cuales dejamos invitados para acompañar este hermoso mes:

Lunes 09 de noviembre
11:30hrs Acto Inaugural del Mes de María junto a las H.F.P.R y todas las Comunidades Educativas.

Lunes a Sábado
0900: Oración Inicial del mes de María.
Proclamación del Evangelio y Meditación
12:00 Ángelus
19:00 Santo Rosario
Oración Final del mes de María

Martes y jueves
08:15 Santa Misa

Domingos a cargo de las HFPR
11:00 Santa Misa

RRSS:
Facebook Hermanas Franciscanas: Congregación Hermanas Franciscanas Penitentes Recolectinas
Facebook Pastoral Liceo: Madre Vicencia Pastoral

Nos despedimos dejando nuestros votos más sinceros de oraciones y nos encomendamos a nuestra Madre Santísima este mes por nuestro país, y nuestra Comunidad Educativa.

Para Todos Paz y Bien

Dirección Liceo
Madre Vicencia

“Comencemos Hermanos porque hasta ahora poco o nada hemos hecho”
SAN FRANCISCO DE ASÍS.